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27/10/2026
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Estudio revela el uso de agroquímicos prohibidos y de alta toxicidad en la coca y otros alimentos de consumo masivo

Imágenes referenciales de una variedad de verduras y hoja de coca. (FEM Media)
Imágenes referenciales de una variedad de verduras y hoja de coca. (FEM Media)

FEM Media/Alejandra Carreño García

El uso desmedido e inescrupuloso de plaguicidas —incluso aquellos cuya venta y aplicación están prohibidas— vuelve a poner en debate la inocuidad de los alimentos de primera necesidad en el país. De acuerdo con un monitoreo realizado por la organización Ciudadanía, a través del proyecto Eco Productores, se recolectaron 109 muestras de ocho productos (siete verduras y la hoja de coca), en las cuales se detectaron 46 plaguicidas. De ese total, 31 están clasificados a nivel internacional como altamente peligrosos.

Los resultados en la hoja de coca fueron alarmantes: de seis muestras adquiridas en ferias populares (tres procedentes de los Yungas de La Paz y tres del Trópico de Cochabamba), se hallaron residuos de 19 plaguicidas, de los cuales 15 corresponden a la categoría de altamente peligrosos.

El estudio, de carácter exploratorio y descriptivo, se ejecutó durante la segunda quincena de julio de 2026 y sus conclusiones se dieron a conocer el 25 de septiembre. La agrónoma María Cristina Omonte, responsable del proyecto en Ciudadanía, precisó que los demás alimentos analizados fueron papa, tomate, cebolla, lechuga, brócoli, apio y aceite de soja. Debido a que Bolivia no cuenta con la tecnología requerida para este tipo de análisis, la totalidad de las muestras tuvo que ser enviada al Perú.

La investigación demandó una inversión aproximada de 15.000 dólares. Aunque no pretende tener representatividad estadística a nivel nacional, su objetivo fue ofrecer una primera “fotografía” sobre la presencia de residuos en los alimentos tal como llegan al consumidor final.

La presencia de sustancias químicas prohibidas

Respecto a la hoja de coca, Omonte advirtió sobre la gravedad del hallazgo: “Estamos hablando de un porcentaje súper alto: 15 de 19 están considerados peligrosos, y la recomendación es que no deben usarse en los procesos productivos. Algo que nos ha llamado obviamente la atención es que, entre estos 15 altamente peligrosos, está el methamidophos, un plaguicida que está prohibido en la normativa boliviana desde 2015. La normativa boliviana tiene 13 plaguicidas prohibidos y uno restringido; vamos a decir, en total, 14”, aseguró.

La especialista comentó que un agroquímico de esa naturaleza no debería aplicarse bajo ninguna circunstancia en el territorio nacional; sin embargo, fue detectado en las muestras provenientes de Cochabamba. El metamidofos destaca por su severa toxicidad: afecta directamente al sistema nervioso y lidera el grupo de mayor toxicidad aguda, lo que significa que el contacto directo puede desencadenar parálisis respiratoria e incluso la muerte. “Ya por eso es que también se ha prohibido, pero lo hemos encontrado”, acotó Omonte.

Cuadro 1.  Resultados del estudio realizado a la hoja de coca. (Ciudadanía)
Cuadro 1. Resultados del estudio realizado a la hoja de coca. (Ciudadanía)

Omonte reiteró que el monitoreo no es representativo territorialmente ni por volumen de producción. Esto implica que los resultados identifican la presencia de sustancias químicas en las muestras puntuales analizadas, pero no permiten generalizar que toda la coca producida en los Yungas o en el Trópico contiene los mismos niveles de contaminación.

De hecho, en el universo general de las 109 muestras el comportamiento fue desigual. Aunque se identificaron 46 plaguicidas distintos (31 de alta peligrosidad), no todos los alimentos registraron contaminación: las 17 muestras de cebolla resultaron libres de residuos detectables; mientras que, en el caso de la papa, 13 muestras estuvieron limpias y solo tres registraron presencia de tres plaguicidas.

Cuadro 2: Resumen de los resultados encontrados en las muestras de verduras. (Ciudadanía)
Cuadro 2: Resumen de los resultados encontrados en las muestras de verduras. (Ciudadanía)

Evaluación del riesgo: dosis, tiempo y exposición.

La sola presencia de un plaguicida en un alimento no implica, de forma directa, que una persona vaya a enfermar por consumirlo una sola vez. El impacto real depende de factores como la naturaleza del compuesto, la cantidad ingerida, la vía de ingreso y la duración de la exposición. Al respecto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que estos químicos pueden generar efectos tanto agudos como crónicos, por lo que la evaluación de riesgos debe analizar tanto la exposición a corto plazo como la ingesta alimentaria prolongada.

En esa misma línea, el toxicólogo del Hospital Viedma, Ramiro Cadima, explicó que el debate técnico no debe centrarse únicamente en la presencia o ausencia de un residuo, sino en determinar cuánto tiempo y qué concentraciones se exponen la persona.

Como analogía, Cadima citó la exposición al mercurio por el consumo de pescado, donde los contaminantes suponen un peligro asociado a ingestas repetidas y continuas. Así, consumir un alimento contaminado una sola vez no genera necesariamente un daño inmediato, pero una exposición frecuente exige un análisis riguroso de la sustancia, la dosis y el tiempo.

“Pero, ¿cómo me intoxica? Yo necesito comer el alimento, y este alimento necesito que esté contaminado con un producto determinado. Pero, ¿cómo lo contaminan al producto? Pues puede ser natural la contaminación, porque no nos olvidemos que la tierra tiene constantes movimientos sísmicos, entonces va poniendo a disposición ciertos metales que quizás en la planta haya una dosis que supere el límite permitido”, detalló el especialista.

Cadima remarcó que la tarea de fiscalización y detección le corresponde al Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria (Senasag), entidad encargada de velar por la calidad e inocuidad de los alimentos que consume la población. Asimismo, coincidió en que el hallazgo de un residuo no permite por sí solo establecer una relación directa con enfermedades; para comprobar tal causalidad se requieren investigaciones específicas con consumidores, donde se analizan patrones de consumo, tiempo de exposición, tipos de sustancias y otros factores intervinientes.

¿Qué puede hacer el consumidor?

A la espera de que se ejecuten estudios de mayor alcance, existen medidas preventivas de carácter general que ayudan a mitigar la exposición a ciertos residuos. Cadima señaló que acciones como lavar o pelar frutas y verduras permiten reducir parte de los contaminantes fijados en la superficie.

No obstante, aclaró que estas recomendaciones funcionan principalmente para productos frescos y no garantizan la eliminación total de los químicos, ya que la efectividad del lavado dependerá de si el agroquímico es superficial o si ha sido absorbido por la planta.

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