
Agencias
El Real Madrid amarró la victoria frente al Inter de Milán (2-1) apoyado en las dos grandes premisas de José Mourinho: la presión alta como detonante ofensivo y la solvencia de Thibaut Courtois como seguro bajo palos. Pese al resultado, el conjunto blanco compuso un choque de vuelo bajo en lo futbolístico que terminó contagiando de apatía y murmullos a la grada del Santiago Bernabéu durante el tramo final.
La efectividad madridista se cimentó en el primer tiempo a través del compromiso defensivo en salida rival. Kylian Mbappé —quien en la previa había mostrado su incomodidad tras ser consultado sobre la exigencia de presionar— tradujo su esfuerzo en gol al minuto 15 para abrir el marcador. Poco después, la fórmula se repitió: Fede Valverde forzó el error del guardameta Josep Martínez para establecer el 2-0 provisional.
Mourinho afrontó el compromiso con la zona de creación mermada por las ausencias de Bernardo Silva, Arda Güler y Eduardo Camavinga. Ante la emergencia, el técnico portugués improvisó ubicar a Trent Alexander-Arnold en la medular, un experimento similar al que realizó Gareth Southgate en la selección inglesa.
Pese a los dos goles en contra, el Inter exhibió una idea de juego más fluida durante la primera mitad, aprovechando los desajustes del esquema local para generar hasta diez remates a portería y mantener viva la disputa del encuentro hasta el silbato final.

















